Ampliación aeroportuaria: El Prat como paradigma | Opinión

Ampliación aeroportuaria: El Prat como paradigma |  Opinión
Vista de un avión que aterriza en El Prat desde La Ricarda.
Vista de un avión que aterriza en El Prat desde La Ricarda.MASSIMILIANO MINOCRI

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No parece haber nada que celebrar en todo el episodio que protagoniza El Prat. El aplazamiento de la inversión prevista para la ampliación del aeropuerto, la frustración de un gesto tangible de colaboración de gobierno a gobierno, e incluso la repentina rapidez con la que se despide una inversión millonaria no son buenas noticias. La celebración entusiasta de los alcaldes de la región, con el protagonismo protagónico de Ada Colau, tampoco es una buena noticia, a menos que Barcelona y Cataluña puedan prescindir de la discusión detallada de los efectos que la expansión puede tener tanto en la economía como en el desarrollo de la sociedad. futuro, así como la necesaria preservación de un ecosistema protegido.

No hay garantía de que la ampliación de El Prat convierta este aeropuerto en un hub intercontinental, pero ahora será más difícil. Su materialización requiere la complicidad activa de las empresas aeroportuarias, pero al mismo tiempo esta iniciativa se complica sin la ampliación de la tercera pista. ¿Hay margen de negociación para conciliar intereses legítimos y dispares? No lo sabremos, al menos en los próximos cinco años, de la misma forma que no sabremos si los estudios de avances tecnológicos en el control del ruido de las aeronaves bajan las alarmas de los vecinos afectados.

La dimensión política de este conflicto, según los dos gobiernos, no afecta a la agenda de contactos ni a la mesa de negociación política para abordar el futuro de Cataluña, que mantiene su convocatoria para la próxima semana. Incluso algunas declaraciones altisonantes sobre el crédito que el Estado merece o no merece, a las puertas de la manifestación del 11 de septiembre, parecen dictadas por la inmediatez conmemorativa de la Diada. Los desacuerdos de los últimos días no deben socavar el relevante compromiso político común de activar una mesa de negociación que relaje tensiones, ajuste un cronograma creíble y programe resultados concretos.

La actual suspensión de la ampliación de El Prat, tras dos años de obras, se presta a una reflexión que sin duda ya han interiorizado todos los actores implicados: cualquier reforma potente en materia de movilidad, transporte y nuevos pueblos debe asumir. Upstream your nature. No existe un estándar previo que funcione para todos los casos, ni tampoco para El Prat: el costo puede caer a veces en el lado económico y en ocasiones en el ambiental, pero cualquier forma de inflexibilidad o intransigencia condenará la operación al fracaso y la parálisis. La negociación técnica, argumentada y en la medida de lo posible fuera de la instrumentalización política, será seguramente la herramienta para conciliar los intereses del crecimiento económico y las políticas medioambientales inalienables contra la degradación climática. En cualquier caso, el aplazamiento del actual proyecto a cinco años es una señal para todos aquellos que tienen la obligación de tener los intereses económicos, ambientales y sociales de futuras inversiones. El debate es lo suficientemente serio como para ser atravesado por el cortoplacismo político, lo que nos hace perder una reflexión profunda sobre cómo avanzar hacia la sostenibilidad.