Boris Izaguirre: Falso amor, verdadero odio | gente

Boris Izaguirre: Falso amor, verdadero odio |  gente

Fue un alivio saber que el presunto asalto a un joven gay en Madrid no lo fue. Pero también fue una gran decepción que fuera una mentira irresponsable. El chico dijo que habrían escrito la palabra maricón en una nalga. Ahora sabemos que se ha utilizado la palabra incorrecta. La palabra debe haber sido tatuada para engañar.

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Todo este incidente revela que vivimos en una sociedad atrapada en el narcisismo. Y también me confirmó la importancia de ser gay. Ser uno me dio un valor extra a lo largo de mi vida: entre ataques e insultos, aprendí a valorar el amor. Y respeto. Cuando eres gay, ambas cosas son complicadas y difíciles de conseguir. Muchas veces tu entorno, tu familia, tus amigos, no saben cómo afrontarlo. Tampoco ayuda que no veas ese amor reflejado en las películas, en la publicidad, en la literatura. Lo que consumes es amor heterosexual. Cuando vi La ley del deseo de Pedro Almodóvar, entendí que estábamos unidos por un mismo amor. Entonces, cuando lo encuentras, tiene un poco de conquista personal. Defenderé siempre el amor contra el odio que se alimenta de su propio odio. Este odio, como en los melodramas, en el momento menos esperado devora a su dueño.

Pero no vivimos solo con amor: «El hombre es fuego, la mujer es rastrojo, viene el diablo … y sopla», dice el adagio. Aunque es fascinante, no me convence esta extraña historia del obispo de Solsona que oficialmente renunció al celibato y al obispado por un escritor de novela erótica. Estaba casada con un musulmán, ahora está divorciada y tiene dos hijos. Un escenario sorprendente que desprende cierto aroma a telenovela turca que busca desesperadamente convertirse en un realidad Español. ¡También hay un olor a narcisismo aquí! Pero hay que tener fe en los hechos reales, el obispo emérito se reunió con el Papa Francisco para negociar su dimisión y el Papa aprovechó para hacer sus necesidades, ya que Xavier Novell, el ex obispo, era un apasionado de las terapias de conversión, un proceso por el cual cualquiera puede enraizar el comportamiento heterosexual vacilante. No sé cómo, pero dicen que funciona. Se me ocurre que el señor Novell, en su respetable deseo de ser completamente heterosexual, decidió dejar su apostolado para abrazar a su novia y la gloria de la que ahora gozarán.

La famosa monarquía británica, supuestamente heterosexual, lleva años compartiendo admiración y desgracia. El príncipe Andrew ha perdido popularidad por su apasionada amistad con Jeffrey Epstein, el fallecido millonario judío acusado de organizar una red de prostitución infantil. Ahora el príncipe Carlos ve cómo se descubre que su fundación, The Prince’s Trust, donde reúne a todas sus organizaciones benéficas, podría servir, mediante donación, como un vehículo para obtener la ciudadanía británica y también un título noble para un millonario musulmán. Uno de los que tienden a oscilar entre la aristocracia cristiana y los favores pagados. La negociación no la habría hecho directamente Carlos (claro, él hace muy poco personalmente), pero el Sr. Michael Fawcett, ese ex mayordomo responsable tanto de su fundación como de su higiene personal. Siempre se cuidaba de dosificar la pasta de dientes en el cepillo de dientes del heredero. Finalmente esta semana, Fawcett dimitió. Cuando necesitas un culpable, nada es más eficiente que un mayordomo.

Un articulo de El guardián describe a la amigable pareja de príncipe y ex mayordomo como Tweedledee y Tweedledum modernos, las famosas figuras en forma de huevo que Alice descubre a través del espejo, en la segunda parte de la novela de Lewis Carroll. Siempre sospeché que estos dos funky y formales estaban calientes, o lo eran. De cualquier manera, su reencarnación actual confirma que nos hemos estado regodeando del otro lado del espejo durante demasiado tiempo.