Cumbia, el «blues» de América Latina | Babelia

Cumbia, el "blues" de América Latina |  Babelia
Músico Celso Piña, durante un concierto en 2018.
Músico Celso Piña, durante un concierto en 2018.Imágenes de Omar Vega / Getty

Con el permiso del hijo, la cumbia podría llevar la corona de «blues de América Latina. «Un sonido de matriz, inventado por esclavos, versátil y cargado de un poderoso componente ritual y comunitario que se desarrolla y se divide en otros géneros. La cuerda materna comienza en los tambores y bailes negros del Caribe colombiano, mezclados con más indígenas percusiones y vientos europeos. La fórmula viaja a los suburbios mexicanos transformada en baladas románticas o letanías animadas. Como un imán, la psicodelia golpea también el altiplano andino, la marimba en Centroamérica, se baila en Ecuador, Venezuela y desde hace algunos años incluso en las fiestas electrónicas de gente exquisita sin haber salido de los barrios bajos de Argentina. La cumbia siempre gira en espiral.

Andrés Landero, El hijo del pueblo Rey del acordeón, es uno de los padrinos de la época dorada de la cumbia colombiana. Hecho por y para los migrantes en un Caribe, los años 30 y 40, cuando las costas empezaron a vaciarse hacia las fábricas de las ciudades. A Perdí las mantas, Landero escucha una cumbia y pierde a sus amigos, la bebida y hasta las sandalias y el sombrero de mujer. El rey del acordeón se da la vuelta con el dilema habitual: ¿arte apolíneo o dionisíaco? Lisandro Mesa extraña su «hermosa sabana enclavada en la montaña», siente «la nostalgia como una lágrima que se escapa». La cumbia como flecha y como ancla.

La música del desarraigo ha llegado a Monterrey, el pulmón industrial y blanco de México, en las mochilas de los migrantes métis en los estados rurales. Durante años envió la ortodoxia del acordeón por toda la región del norte de México: «Va a los dos Laredos, Monclova, Saltillo y mi Monterrey hermoso», canta Munra con una voz de ultratumba. a Al ritmo del tambo. En el DF viejo estalló la cumbia romántica, con Los Ángeles Azules como capos y los sonideros, fiestas itinerantes al estilo de la sistema de audio Jamaicanos – se están extendiendo por todo el país. De regreso en Monterrey, el heredero mexicano del rey del acordeón, Celso Piña, puso la cumbia en órbita global con una canción marcada por las primeras mutaciones contemporáneas: Cumbia en el rio nominado en 2001 al Grammy Latino y con uno de los videos estrella de MTV en un momento en que el mercado babeaba por el de Música del mundo.

Antes, en los años 60, la cumbia ya había sido contagiada por la psicodelia anglosajona y su cruce con las tradiciones prehispánicas de la Amazonía y el altiplano andino. Otro caleidoscopio de migrantes que bajaron las guitarras con demora desde la sierra y la selva hasta ciudades como Lima, donde le dieron el nombre de narguile. Los Destellos fueron de los primeros en degustar este fermentado andino de San Francisco con el Caribe. Aunque lisérgico siempre ha existido, quizás debido a su base rítmica circular como círculo. Están las cumbias rebajadas, inventadas en el rebote en los 90 por Sonido Dueñez. La erosión de su viejo tocadiscos convirtió el alegre sonido colombiano en una profunda y espesa letanía. Spotify solo tiene algunas imitaciones actuales de estas travesuras. Para obtener ejemplos más rigurosos, consulte aquí o aquí.

Las conexiones subterráneas con el doble y otros arcanos de la protoelectrónica han sido la puerta de entrada para productores contemporáneos que en los últimos años han dado un barniz a la cumbia Fresco. La lista incluye al británico El Búho, al franco-ecuatoriano Nicola Cruz o al argentino El Remolón y toda la artillería del sello ZZK. La cumbia también ha sido una de las bandas sonoras de Argentina. Desde las orquestas tropicales durante los años de esplendor económico hasta la cumbia bélica y picaresca fundada por los olvidados durante sus interminables crisis. Qué El niño ladrón, de Pibes Chorros, que «con sólo quince años / y cinco años como gran ladrón, / con una caja de vino / salió de su caja».

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