debemos «romper» la política del bloque y «no comprar el discurso radical»

debemos "romper" la política del bloque y "no comprar el discurso radical"

El cordón sanitario es un concepto que se ha puesto de moda en los últimos días. Ese mismo martes, la portavoz del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, exigió «poner un cordón sanitario» a «cualquier formación que haga de la incitación al odio su lema» o que «se niegue a disculparse» frente a la «. Serias amenazas «a determinadas» personas «o» determinados menores «, en clara alusión a Vox.

El candidato socialista en las elecciones de Madrid, Ángel Gabilondo, también propuso un «cordón» para aislar al partido de Santiago Abascal y cuestionó que la popular Isabel Díaz Ayuso estuviera de acuerdo con esta formación. La respuesta no tardó en llegar, y Ayuso exigió que la apoyaran para no depender de Vox, posibilidad que el propio Gabilondo descartó en una entrevista con 20 minutos.

Pero, ¿qué es un cordón sanitario? ¿Podría aplicarse en España? ¿Qué efectos tendría eso? Los politólogos Pablo Simón, Berta Barbet, Gema Sánchez Medero y Daniel Vicente Guisado analizan 20 minutos Este fenómeno.

Entrevista a Ángel Gabilondo

Guisado explica que en el contexto actual en España, la viabilidad de un cordón sanitario es rara porque hay que romper «los bloques» de izquierda y derecha, y esto es algo que para el partido «subordinado» – En el caso de Madrid sería el PSOE, segundo según todas las encuestas – tendría «muchos costes electorales». Un buen ejemplo de esto es en Alemania, donde los socialdemócratas han gobernado en coalición con los conservadores de la CDU en los últimos años y han bajado en intención de voto (en las elecciones de 2021 podrían incluso perder el segundo lugar y caer al tercero).

En España, en 2019, tras las elecciones generales de noviembre, el PSOE propuso «un cordón sanitario» a Vox en la mesa del Congreso, pero el PP se negó. Durante toda la campaña electoral, como en abril, Pedro Sánchez pidió tanto a los populares como a los Cs que «huyan de Vox» y no estuvieron de acuerdo en pactar con ellos, lo cual no sucedió, porque a nivel regional, las tres formaciones aceptaron la formación de gobiernos.

En el caso de España, el cordón sanitario «no parece poder establecerse», según Simón, porque Existe la tesis de que «si el PSOE llega a un acuerdo con Podemos, legitima al PP a pactar con Vox». Según él, para que un cordón sanitario sea efectivo se deben cumplir dos condiciones: «Que la formación radical esté poco representada y que exista un acuerdo entre el resto de las formaciones para aislarla». En España, dice, esto «no pasa».

Esta es precisamente la idea en la que se apoya Sánchez Medero para hablar de Vox. «Será decisivo a la hora de formar gobierno para que el PP no le pueda aplicar un cordón sanitario «. Guisado refuerza este planteamiento y asegura que «antes de la caída de los Cs», la única posibilidad de un acuerdo para el PP es «pactar con Vox».

Guisado evoca en este sentido el factor de gobernabilidad: “Cuando un partido ‘radical’ ya tiene el 15% de los votos -como es el caso de Vox a nivel nacional- condiciona la formación de gobiernos”. Y Barbet añade que para hacer un cordón sanitario cuando «el discurso de Vox ya está tan interiorizado» puede resultar «contraproducente». Barbet reitera dónde está la clave: «Si se mantienen los bloqueos, es difícil llegar a acuerdos que no pasen por la extrema derecha».

Los cordones sanitarios son la excepción, no la regla

Simón y Guisado coinciden en que los cordones sanitarios «no son la regla, sino la excepción en Europa». Se define como una estrategia de partidos políticos «no radicales» para que los radicales «no toquen el poder». Francia o Alemania han recurrido a ella para cortar las alas de las formaciones más próximas a la derecha, mientras que Italia, Austria o Finlandia han preferido normalizar estos partidos y sumarlos a los gobiernos. Los expertos consideran que la viabilidad o no del cordón sanitario depende del sistema y la voluntad de los partidos tradicionales, pero Simón recuerda en el sentido de que los partidos radicales «Muchos gobiernos ya están involucrados» en toda la UE.

«Al principio, se le hizo a los partidos comunistas después de la caída de la URSS», explica Guisado, quien también recuerda que tiene «connotaciones diferentes». En Francia, el objetivo es «recurrir al mal menor» en la segunda vuelta, porque los candidatos excluidos de esta ronda final deben «elegir». A cambio, en un sistema parlamentario, dice el analista, «los partidos tienen que mojarse más».

Unidos Podemos Candidato al 4-M, Pablo Iglesias.

En Alemania, el último cordón sanitario tuvo lugar en 2020, cuando Angela Merkel paralizó un pacto de la CDU con la AfD por el gobierno de Turingia y calificó de «irrepresentable» el acuerdo. En 2017, Macron se enfrentó al Frente Nacional y reunió los votos del resto de las formaciones en la segunda vuelta, lo que ya había hecho el conservador Jaques Chirac en 2002 cuando, además, se negó a discutir con Le Pen (padre).

Beneficios para la fiesta « acorralada »

Barbet considera que los cordones sanitarios tienen la ventaja de que «es posible generar la sensación [en la población] que estas formaciones son radicales ”, pero también el riesgo de que, aunque se trate de aplicar el cordón, «Cuando se asume el discurso, les puede dar toda la capacidad para oponerse al gobierno», como en Francia con la velada de Marine Le Pen.

Además, Sánchez Medero agrega que cuando se hace cumplir un cordón sanitario, el partido « acordonado » debe sumar votos, como también se puede ver en Francia, donde Le Pen puede desafiar a Macron en las elecciones de 2022, según el encuestas – porque «la situación de todos contra uno genera impotencia». El lector «Se dirige hacia los más débiles, que también es una formación populista».