elecciones en Nicaragua: un abismo cada vez mayor | Opinión

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Policías frente a la casa de Cristiana Chamorro, detenidos desde el miércoles por el régimen de Daniel Ortega.Carlos herrera

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Para el régimen nicaragüense, la mejor solución sería que las elecciones que, según la Constitución y las leyes, se realizarán en noviembre de este año, no sean más que un trámite burocrático o, mejor que eso, que sean nada más que un trámite burocrático, no existen en absoluto. Que los partidos políticos de oposición no existían y que los candidatos no pudieron impugnar la cuarta reelección consecutiva de Daniel Ortega.

Ésta es una vieja idea tomada del leninismo manual condicionado en los trópicos, donde el vicio de la reelección es más antiguo que la Revolución de Octubre. La supuesta elección, ya tan obsoleta, es siempre entre democracia burguesa o democracia proletaria, aunque al final no es más que una simple: poder temporal, con alternancia democrática, o poder para siempre a cualquier precio.

La democracia representativa es superflua en la sencillez de este credo, porque la existencia de varios partidos en competencia, según el reclamo ideológico, solo provoca disensiones. Así que la panacea, por mucho que huela a naftalina, es la única solución.

Las viejas cortinas rasgadas muestran el cobertizo de trampas y trucos donde se van a representar estas elecciones. El Consejo Supremo Electoral, en absoluta obediencia al régimen, deberá calcular de antemano el abrumador número de votos con los que el candidato oficial a la presidencia y su esposa, candidata a la vicepresidencia, ganarán las elecciones; y también decidir de antemano cuántos escaños tendrá su partido en la Asamblea Nacional; no menos de dos tercios, por supuesto, lo que les garantiza un control absoluto.

Estar en la cima de las encuestas hace que un candidato presidencial sea indeseable en estas condiciones. C’est ce qui est arrivé à Cristiana Chamorro, fille du journaliste Pedro Joaquín Chamorro, assassiné par la précédente dictature de Somoza en 1978, et Violeta Barrios de Chamorro, qui a remporté les élections de 1990 qui ont mis fin à la dramatique décennie de la Revolución.

Cristiana, quien presidió la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, dedicada a la promoción de la libertad de expresión, está acusada de lavado de activos, y sus cuentas bancarias han sido congeladas, su casa ha sido allanada, la han dejado en secreto, con la casa. en la cárcel, y le quitaron sus derechos políticos, inhibiéndola sin haber sido condenada, para que no pudiera ser candidata.

Dos funcionarios de la Fundación fueron encarcelados porque una ley indigna permite al estado detener a personas bajo investigación criminal durante tres meses, otorgándoles el derecho a habeas corpus, que es una garantía universal, es nula. Otros dos presos políticos, además de los casi cien que ya existían antes.

Todos los periodistas que ya hayan recibido apoyo económico de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, o becas, están llamados a declarar por un delito inexistente, pero también a intimidarlos. Algunos de ellos ya han sido acusados ​​y no pueden salir del país.

La Fundación Luisa Mercado, que presido y que organiza anualmente el Festival Centroamérica Cuenta, ha firmado convenios con la Fundación Violeta Barrios de Chamorro para organizar talleres y mesas sobre el nuevo periodismo en el marco del festival de renombre internacional. Fui llamado a declarar ante la fiscalía por este motivo, a pesar de que no hay nada oculto ni ilegal en estos acuerdos.

El pretexto para el cargo de lavado de dinero es que la Fundación Violeta Barrios de Chamorro utilizó fondos de la Agencia de Desarrollo Internacional (AIF) del gobierno de Estados Unidos.

Las organizaciones no gubernamentales en Nicaragua reciben apoyo de gobiernos de otros países y agencias internacionales. Ortega ya ordenó la aprobación de una ley que obliga a quienes obtengan fondos de estas fuentes a declararse agentes extranjeros, y con ello pierden sus derechos políticos. Pero este no es el que se aplica en este caso.

Buscaron el nombre de un delito que evoca el crimen organizado, por absurdo que sea. El blanqueo de capitales, según el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) sólo existe cuando busca legitimar fondos “generados por actividades ilícitas o delictivas, por ejemplo, narcotráfico, contrabando de armas, corrupción, malversación, extorsión, secuestro, piratería”.

Hoy, otro candidato presidencial, Arturo Cruz Sequeira, fue detenido en el aeropuerto cuando ingresaba al país procedente de Estados Unidos, y acusado de violar la «Ley de Defensa de los derechos de los pueblos a la independencia, soberanía y autodeterminación para la paz». Por «incitación a la injerencia extranjera». Es una ley que castiga incluso el hecho de «aplaudir» la imposición de sanciones impuestas desde el exterior contra el régimen o el pueblo del aparato oficial.

Entonces estas son las próximas elecciones en Nicaragua. Una elección donde no habrá candidatos contrarios, salvo los cortados a la medida de la representación teatral, que tiene un guión inflexible. Una campaña electoral falsa, elecciones con resultados ya conocidos de antemano y ganadores garantizados de antemano.

Todo esto muestra que el estado de derecho ha dejado de existir en Nicaragua. El resto es ficción e imitación. Y durante este tiempo, el abismo se ensancha a nuestros pies.

Sergio Ramírez Es escritor, Premio Cervantes 2017.

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