Inflación: entre Keynes y la autonomía | Opinión

Inflación: entre Keynes y la autonomía |  Opinión
El ministro de Finanzas de México, Arturo Herrera, en una entrevista de abril de 2020 en el Palacio Nacional.Gladys Serrano / EL PAÍS

En la jerga económica, las políticas fiscales y monetarias se denominan políticas de demanda. Es decir, tienen la capacidad de modificar los bienes y servicios que se demandan en una economía, pero no necesariamente logran modificar – sería deseable un aumento – la capacidad de producción. Ambas afectan el desempeño económico, y todo lo que ello implica como salarios, precios y producción, pero en el corto plazo, porque para cambiar lo que realmente puede producir una economía se necesitan cambios más de fondo, cambios estructurales cuyo impacto se ve conforme pasa el tiempo.

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Ambas pólizas deben emitirse teniendo en cuenta los riesgos y recompensas que cada una conlleva. Ninguno es inofensivo. Se parecen mucho a los antibióticos, pueden resolver un problema si se prescriben correctamente, pero pueden tener efectos secundarios. El aumento del gasto público en tiempos de recesión o estancamiento absoluto puede reactivar la producción, mejorando los niveles de empleo; pero su impacto podría ser temporal y es posible que los precios aumenten en consecuencia, mitigando – o en ocasiones eliminando – los beneficios que podría haber generado el antibiótico fiscal.

Si bien la política fiscal tiene su grado de complejidad, el de la política monetaria es mucho mayor. Decidir cómo y cuánto gastar, cómo y cuánto gravar, y cómo y cuánto pedir prestado no es una tarea trivial. Mientras se toman estas decisiones, los incentivos se ven afectados (un término sin el cual los economistas no pueden prescindir) y cambian el comportamiento de las personas.

La política monetaria tiene su grado de ciencia, pero mucho más de arte. Es más complejo saber cuánto dinero hay que poner en la economía para no frenar su crecimiento, pero sin generar inflación, el equilibrio es importante y difícil de lograr. No solo tienes que considerar las condiciones actuales de una economía, tienes que tener estimaciones de crecimiento futuro y expectativas de todos los agentes económicos, incluida, por supuesto, la población en su conjunto. En economías integradas, como el caso de México con el bloque norteamericano, los objetivos del banco central también deben considerar el desempeño de los socios comerciales y reconocer el vínculo entre las políticas monetarias de los países donde el comercio es importante. Y entre muchas cosas a considerar, el banco central debe realizar su función más importante: mantener el poder adquisitivo del dinero.

La inflación es el impuesto más regresivo que existe. Afecta más a quienes gastan una fracción mayor de sus ingresos en consumo y a quienes mantienen su riqueza, sea la que sea, en efectivo. Pocos fenómenos tan complejos y nocivos para una sociedad como la inflación desbordante. En este sentido, la autonomía del banco central, Banco de México en nuestro caso, es fundamental. La política monetaria debe separarse de la política fiscal. El fiscal no puede dar instrucciones al pecuniario ni viceversa. La política fiscal puede cambiar sus objetivos para que estén en línea con el gobierno a su vez, ojalá siempre vea la estabilidad económica como un objetivo intrínseco; pero la política monetaria debe trascender las administraciones. No debe responder al Ejecutivo, debe responder al país.

El Banco de México se caracterizó incluso antes de haber adquirido su autonomía por ser un gran formador de talento. El desarrollo de la capacidad técnica necesaria fue de la mano de la complejidad de su tarea. Sus perfiles deben ser técnicos. Deben tener la capacidad de analizar datos, cifras, situaciones complejas, romper con las fobias políticas y las filias. Tarea difícil, sin duda.

El presidente López Obrador formalizó un anuncio que ya se esperaba. Antes de finalizar el mandato del actual gobernador Alejandro Díaz de León, el mandatario indicó que propondría al Senado la nominación del actual secretario de Hacienda, Arturo Herrera, para el cargo que quedará vacante en diciembre. No entiendo la necesidad de que el presidente haga un anuncio de esta magnitud seis meses antes de la fecha límite. El anuncio anticipado parece contraproducente para las agendas de las dos instituciones.

Arturo Herrera se ha mostrado un secretario complaciente con los deseos del presidente. En los meses más difíciles de 2020, fue fundamental proporcionar más apoyo presupuestario. Con el número de puestos de trabajo, la pobreza, la disminución de los ingresos, las muertes por covid, la necesidad de más apoyo no era obvia para nadie, sin caer en la falsa historia de no tener deudas. Supongo que la secretaria lo sabía, tal vez el presidente no escuchó.

También sabemos que las políticas de austeridad puestas en marcha por la actual administración serían la envidia de cualquier manual neoliberal. Pero también sabemos que estos recortes no solo tienen rentabilidad y capacidad, sino que también han costado vidas. El tratamiento «ligero» de las cifras por parte del Secretario de Hacienda ha levantado algunas banderas rojas. Baste recordar que al cierre de la Convención Nacional Bancaria en marzo, aseguró que en mayo ya habría 80 millones de mexicanos vacunados. En política monetaria, no se pueden cometer tales trivialidades. La precisión es la clave.

El funcionamiento del Banco de México está asegurado por su directorio, siempre apoyado por un equipo con innegable conocimiento técnico. Espero que a través del gobierno de una de las instituciones más importantes de México, se mantenga la autonomía e independencia del banco central. Esto no es una exageración. Si esta autonomía e independencia se perdieran en la práctica, tarde o temprano vendría el deterioro inflacionario. México no necesita regresar.

Estas líneas ya no son suficientes para comentar el cambio de Ministerio de Hacienda. Baste mencionar que un poco de keynesianismo, en tiempos de crisis económica, bien puede bajar, porque al final, por citar a los grandes, a la larga todos estamos muertos.

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