Manuel Vicent: El testuz | Opinión

Manuel Vicent: El testuz |  Opinión
Manifestación contra los indultos del gobierno a los líderes independentistas catalanes en la Plaza de Colón de Madrid, el 18 de junio.
Manifestación contra los indultos del gobierno a los líderes independentistas catalanes en la Plaza de Colón de Madrid, el 18 de junio.Andrea Comas

Puedes ser un gran patriota español o un ferviente independentista catalán y al mismo tiempo padecer insuficiencia renal. Si al menos uno creyera en Dios, podría pedirle que solucionara su problema renal, porque ningún país vendrá jamás a rescatarte ante una calamidad personal. El patriotismo español encantado o el sueño inmutable de la independencia catalana hay que diluirlo con el deseo de cada día, con el hecho de que tu pareja te haya abandonado, con la explotación a la que te somete el empresario, con la operación de vesícula, con el pago de el departamento en la playa, con los baños en el mar, con la adolescente que llega a casa a las ocho de la mañana como una muñeca rota, esperando el resultado de la biopsia que no deja dormir, cada vez que te miras en el espejo del baño descubres más arrugas, más canas, más ojeras. Quizás sea este enfado de las larvas o esta íntima frustración que sientes contra ti mismo lo que te impulsa a ir envuelto en la bandera nacional a la Plaza de Colón para desatar todos los heroicos flatos a favor de la unidad de la ‘España o en el Plaza de Sant Jaume con el estandarte para animar a los indultados, pero tras el acto, carcomido el cerebro por estos sagrados ideales, vuelve la vida cotidiana con facturas, pastillas y análisis de orina. Puede haber una patria adoptiva o un fervor por la independencia, ambos directamente relacionados con la cuenta de resultados; En efecto, de este brutal enfrentamiento entre los nacionalismos español y catalán, que se atacan como dos carneros, los políticos más feroces y ciertos comentaristas e ideólogos que se han convertido en sectarios sin dejar de creer ilustrados, prosperan, que, tras anunciar el terrible presagio de que España se está rompiendo, son sorprendidos por el ciudadano arrepentido que alegremente le pide al camarero otro camarón.