Que España gane, pero Modric no pierda | Eurocopa 2021

Que España gane, pero Modric no pierda |  Eurocopa 2021

Tengo una aventura Para ser un verdadero futbolista hay que saber, hay que sentir, hay que ser responsable, hay que destacar, hay que mojar el campo de sudor … es decir, hay que ser como Modric. Saber es tener criterio para estar siempre donde debes estar, casi siempre haciendo lo que es apropiado y, a veces, lo inesperado. Sentir es amar lo que haces. Ser responsable es comprender que cuando usas una camisa, representas algo que les importa a las personas. Y lo que le importa a la gente no es cualquier cosa. Destacar en el fútbol es tener, por ejemplo, un gesto técnico diferenciador, como pasar el balón con la parte exterior del pie con la naturalidad de quien camina. Para regar el campo de sudor, debes estar involucrado en el juego, en la camiseta, con vergüenza. Ahora tengo un lío. Quiero que gane España, pero no quiero que Modric pierda.

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Última tendencia, primer problema. El Campeonato de Europa sigue su curso y nos muestra tendencias. Uno, en particular: la concepción colectiva del juego expresada en un nuevo virtuosismo, el del control y el pase. El criterio con el que se hace es otra canción. Los omnipresentes entrenamientos de uno y dos botones aumentan la precisión de la velocidad. Pero creo que ha llegado el momento de preguntarnos qué nos está quitando. Escucho a los entrenadores decir que los jugadores son cada vez menos atrevidos. Eso sí, porque se refugian en lo que repiten una y otra vez en los entrenamientos. Si no hacemos nada más que gritarles «más rápido», no fingirán que están tomando el tan necesario descanso del juego. Si se les ordena «tocar, tocar y tocar», ganaron. No finjas que en el partido se atrevan a regatear. Incluso el jugador que está solo está buscando un compañero libre, ¡mientras que él es el jugador libre! Es el problema de enseñar fútbol de memoria.

Solo sabe jugar bien. Cualquiera que no muestre practicidad tiene pocas posibilidades de éxito. Antes, la belleza era una gran cazatalentos. Ahora ese lugar lo ocupan las estadísticas. Miremos a Jack Grealish, por ejemplo. Audaz, astuto, improvisado, con un juego exquisito, relajado incluso rodeado de rivales, hábil en el regate, claro en el filtrado de pases, atractivo en la propia mirada. Sin duda, el mejor jugador inglés si hablamos de puro talento. Pero a los 25 años sigue en el Aston Villa y en la selección nacional solo apareció como titular en el tercer partido. Los rivales deben saber que existe porque es el jugador más sucio en la historia de la Premier League. Es un clásico: no lo quiero en mi equipo, pero si juega en el de mi rival le anoto con tres para que no se mueva. Y todavía …

¡Gooooooooooool! Exactamente a las 4:09 p.m. del 22 de junio de 2021 ocurrió un milagro sociológico: millones de argentinos gritaron un gol hace 35 años. Lo que se celebró con tanta puntualidad fue el virtuoso gol que marcó Maradona contra los ingleses en 1986. Hay muchas cosas implícitas en este grito: el amor por el fútbol, ​​el homenaje póstumo a Diego, pero también el recuerdo que, en esta lejana jornada, todos nos sentimos unidos por el poder de la belleza, la emoción, la conquista y hasta la venganza. El gol de Diego fue, y es, todo lo contrario del crack. Ese día, Argentina se sintió orgullosa unida gracias al genio que nos representó a través de un juego que es parte integral de la cultura popular. Qué poder tiene el fútbol para unir a un pueblo. Qué poder tiene Diego para seguir siendo sin ser.

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