Ravi Shankar, el músico que triunfó con solo afinar | Cultura

Ravi Shankar, el músico que triunfó con solo afinar |  Cultura

Los virtuosos son armas de doble filo. Su carisma, sus evidentes poderes, ayudan a internacionalizar la música de la que proceden. Pero, por desgracia, cuando mueren, la atención al género que encarnan parece disminuir drásticamente. Pasó con Astor Piazzolla, Paco de Lucía, Ravi Shankar …

El caso de Ravi Shankar (1920-2012) merece atención. Aparte de sus abrumadoras habilidades – digitación, inventiva melódica, impulso rítmico – se le puede atribuir la popularización de la música clásica india y su influencia en el pop de los 60. Vivió en escenarios de todo el mundo durante el siglo XX. De hecho, a la edad de 10 años, actuaba en París, como parte del tropa de su hermano Uday, locutor de danzas indias.

Tenía una vida tan extraordinaria como poco conocida. Ravi ha firmado varios libros, de hecho escritos por otros y muy esquivos sobre temas controvertidos. Uno de estos autores anónimos, el londinense Olivier Craske, quiso completar la tarea y publicó la primera biografía digna de ese nombre, Sol indio. La vida y la música de Ravi Shankar, que revela un carácter asombroso.

Músico Ravi Shankar con su sitar en 1965.
Músico Ravi Shankar con su sitar en 1965.Imágenes Express / Getty)

Frente al cosmopolitismo de Ravi, está el hecho de que fue educado musicalmente al estilo tradicional, conviviendo durante años con un maestro musulmán (gurú) que impuso una vida monástica y sesiones de aprendizaje rigurosas que el alumno, decidido a demostrar su dedicación, pudo extender. hasta las 4 pm. Una intimidad que lo llevó a casarse con la hija del gurú, unión de la que sería infeliz.

El ascenso de Ravi coincidió con la independencia de India. Reclamando su cultura, ocupó un puesto destacado en la emisora ​​estatal All India Radio, pero a la larga se decidió que se desempeñaría mejor como embajador no oficial, tal como lo hizo con el cineasta Satyajit Ray. Ravi se convirtió en el músico que actuó frente a ilustres extranjeros que visitaban la India, mientras viajaba constantemente por el extranjero.

Así, gracias a la Embajada de la India, Ravi llegó a Madrid en los años sesenta. Le hicieron toda la ruta turística: se horrorizó en una corrida de toros (“es cobarde y patético como se mata poco a poco al animal”) y disfrutaba del flamenco de los tablaos. Muy discreto, no comentó que ya conocía España, desde su paso en compañía de su hermano Uday.

El trampolín para la popularidad mundial de Shankar fue su amistad con George Harrison. No lo veas como una relación vampírica o coyuntural: continuó hasta la muerte del batir, en 2001. Había algo paternal: Ravi podía decirle (y era cierto) que ya estaba grabando en Abbey Road cuando los Beatles aún no existían. A pesar de que Harrison abandonaría la fantasía de convertirse en un destacado sitarista, todavía estaba en movimiento, financiando su documental. Raga y editar sus registros, incluidos Familia y amigos de Shankar, un raro intento de cruce. Raro, ya que Shankar se negó a fusionarse con el rock o el jazz: estaba indignado de que se establecieran paralelos, basados ​​en el elemento de improvisación de ragas. Personalmente, siempre ha agradecido la cálida bienvenida de jazzmen en los años cincuenta y llegó a dar breves lecciones a John Coltrane, quien bautizó a su segundo hijo después de Ravi.

El último sprint de los Beatles

The Harrison Connection explica que Shankar estuvo en Monterey, Woodstock y otros festivales de rock. Desarrolló callos frente a un público que, en general, lo consumía como la moda de la temporada. En el Concierto de Bangladesh, tras recibir una ovación de pie durante los preparativos, lanzó su dardo: “Si disfrutas tanto de nuestra sesión de afinación, seguro que la disfrutarás más cuando empecemos a tocar.

Ravi se vio obligado a marcar las distancias. Provenía de una India conservadora que deploró la invasión de hippies Occidentales y su adicción a las drogas (aunque masas de nativos han consumido el famoso marijuana). La libertad sexual era otro asunto: Sol indio confirma que, fuera de su país, Ravi era un seductor incansable, una nueva versión del dios Krishna. De sus relaciones más estables nacieron chicas extremadamente musicales, Norah Jones y Anoushka Shankar.

Ravi sufrió violentos ataques en su país natal, a veces por motivos políticos: la amiga de Gandhi, Indira, lo nombró miembro de la cámara alta del Parlamento. Sufrió más las fechorías de sus compañeros, como el gran Vilayat Khan, que lo acusó de venderse a los occidentales y de diluir la herencia musical del subcontinente. No es justo: la biografía de Oliver Craske detalla cómo enriqueció el repertorio de ragas con más de 30 de sus propias creaciones. Sus álbumes, digamos mixtos, tendían a dialogar con Yehudi Menuhin, André Previn, Jean Pierre-Rampal y otros representantes de la música de culto europea.

En verdad, no traicionó su herencia. Por motivos profesionales, vivió principalmente en California. Adaptaba sus conciertos a las expectativas del público extranjero pero, de vuelta en India, ofrecía recitales de cuatro horas frente a sus conocidos o en los llamados círculos musicales. Y no estaba obsesionado con el dinero. Un admirador, el compositor Philip Glass, descubrió que las compañías discográficas y las editoriales lo estaban estafando e insistió en que recuperara los derechos sobre su inmensa obra. Fue solo con su segunda esposa, Sukanya Rajan, que puso sus asuntos financieros en orden.

El sol indio finalmente revela que su arte no fue un accidente. Literalmente continuó pensando en la música: un colaborador descubrió que, incluso dormido, su mano derecha parecía seguir pellizcando. A pesar de innumerables cirugías, nunca se retiró. A lo sumo, aceptó sus limitaciones físicas, acomodándose a un pequeño sitar, dejando muchas partes del espectáculo a su hija Anoushka.

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