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Senado de EU establece impuesto a remesas de 1% en propuesta de presupuesto

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En el contexto de la discusión sobre el presupuesto federal y el aumento de la atención en el asunto migratorio, el Senado de Estados Unidos ha dado luz verde a una versión revisada del proyecto que incluye un gravamen sobre las remesas, estableciendo una tarifa del 1 % y restringiendo su aplicación exclusivamente a las transferencias en efectivo enviadas al exterior.

La medida forma parte del paquete legislativo conocido como “The One Big Beautiful Bill”, impulsado por sectores conservadores como parte de un plan para financiar agencias de seguridad, particularmente aquellas relacionadas con el control migratorio, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). A diferencia de propuestas previas que consideraban un gravamen del 5 % sobre todas las remesas, la versión avalada en el Senado excluye del cobro a las transferencias electrónicas hechas desde cuentas bancarias o tarjetas emitidas por instituciones estadounidenses.

Desde la propuesta original hacia una versión más restringida

El impuesto a las remesas fue inicialmente presentado como una medida amplia que afectaría todos los envíos de dinero realizados por personas que no son ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, los intensos cuestionamientos de organizaciones migrantes, sectores empresariales y algunos gobiernos latinoamericanos llevaron a una revisión del planteamiento original.

La variante definitiva aceptada conserva el carácter fiscal, aunque con un ámbito más reducido. Se implementará un 1 % únicamente sobre la cantidad total de las remesas transferidas en efectivo —tanto a través de compañías de envío como de pagos en ventanilla— y entrará en vigor desde el 31 de diciembre de este año. Los demás envíos, procesados mediante métodos bancarizados, estarán exentos.

Respuestas en América Latina

En países como México, principal receptor de remesas provenientes de Estados Unidos, la noticia fue recibida con alivio relativo. Autoridades anunciaron que se implementará un sistema de reembolso para sus ciudadanos en el exterior que se vean afectados por el impuesto, canalizado a través de tarjetas especiales que permiten rastrear y compensar los pagos realizados.

Legisladores de las naciones en Centroamérica también expresaron su opinión sobre la situación, señalando que acciones de esta índole impactan desproporcionadamente a las familias más desfavorecidas, las cuales en numerosos casos dependen casi enteramente de las remesas para satisfacer sus necesidades esenciales. Además, plantearon que estas transferencias ya provienen de ingresos que son gravados en Estados Unidos, por lo que aplicarles un impuesto nuevamente podría ser visto como una imposición duplicada.

Un elemento esencial en política

El gravamen se incorporó dentro de una estrategia más extensa centrada en la protección nacional. Se prevé que lo recaudado se dirija al robustecimiento de la seguridad en las fronteras y al financiamiento de las actividades de migración y deportación. Esta perspectiva ha sido respaldada por los grupos impulsores de la iniciativa, quienes sostienen que es un método equitativo de asignar fondos sin incrementar los impuestos a los residentes de Estados Unidos.

No obstante, asociaciones que protegen los derechos de los migrantes han indicado que estas acciones procuran desincentivar el envío formal de remesas, llevando a las personas a recurrir a medios informales que son más caros y peligrosos. Igualmente, han puesto en duda las consecuencias económicas en los países de origen, donde las remesas constituyen una de las fuentes principales de ingresos.

Efectos inmediatos y próximos pasos

En el ámbito económico, la imposición de este tributo se acompaña de un ligero descenso en la cantidad de remesas que se envían desde Estados Unidos a América Latina. Según información actual, los envíos han disminuido aproximadamente un 4.5 % en relación con el mismo lapso del año pasado, una tendencia que se atribuye tanto al endurecimiento de las políticas migratorias como al miedo que generan este tipo de medidas legislativas.

El proyecto de presupuesto debe ahora ser armonizado con la versión de la Cámara de Representantes. Si ambas cámaras logran un consenso, pasará al Ejecutivo para su firma definitiva. En paralelo, varios países latinoamericanos ya preparan estrategias diplomáticas y financieras para mitigar los efectos del nuevo impuesto, mientras organizaciones de migrantes en Estados Unidos evalúan posibles acciones legales para impugnar la constitucionalidad de la medida.

Con esta decisión, el Senado introduce un nuevo capítulo en la larga y compleja relación entre política migratoria, economía transnacional y derechos de las comunidades migrantes. Aunque más moderado que en sus versiones iniciales, el impuesto sobre remesas en efectivo representa un mensaje político claro y podría marcar el inicio de una nueva era de regulación sobre el dinero que millones de personas envían cada mes a sus familias al otro lado de la frontera.